Las primeras monedas se acuñaron entre los siglos VI-VII a. C., en Turquía, China e India. La más importante red de redes comercial de la historia humana pre-capitalista, fue la Ruta de la Seda que se emparenta en su origen con otras antiguas rutas que al parecer existieron hacia el 7.000 a.C. y fue tardíamente oficializada por la Dinastía Han de China en el año 130 a.C. Importantes arterias alimentaron la Ruta, como el Camino Real Persa, articulado durante el Imperio Aqueménida (500-330 a.C.) para operar el comercio regular entre la India, Mesopotamia, el Mediterráneo y China. Los griegos se fascinaron con la seda de los estandartes persas y llamaron a China “Seres” o tierra de la seda. Una gran apertura de la Ruta sucedió en tiempos del Helenismo, cuando Alejandro Magno fundó Alejandría (329 a. C) que dinamizó el comercio entre oriente y occidente. En tiempos de Augusto, emperador de Roma (27 a. C. – 14 d. C.), el comercio entre occidente y la China estaba formalmente establecido y los romanos, árbitros de la moda, llevaban la seda en sus túnicas.
Cuando cae el Imperio Romano de Occidente (27 a. C – 476 d. C), la rama oriental del Imperio, Bizancio o Constantinopla (330-1453 d. C.), siguió ligada a la Ruta de la Seda hasta su caída ante los turcos otomanos. Pero el eje central intermediario de la Ruta de la Seda fue el mundo árabe de los tiempos de la llamada Arabia Feliz o Perfumada, la de las Mil y Una Noches, operadora del Camino del Incienso (siglo III a. C – II d. C) y también durante las dinastías Omeya de Damasco (661 y 750 d. C.) y sus sucesores los Abasíes (750-1258 d. C.). Posteriormente, a través de diversas organizaciones del mundo árabe para quienes el comercio era su forma de vida. La Ruta de la Seda atravesaba el Asia y se conectaba con Europa y África. Los productos se distribuían en Europa a través de Bizancio, vía Venecia, organizadora del comercio del Mediterráneo operado por italianos o latinos, árabes y judíos. Además de la seda, cuya producción los chinos guardaban con gran sigilo, la Ruta transportaba especias de la India, diamantes, rubíes, metales preciosos, ámbar, jade, perlas, marfil, porcelana, cristal, perfumes, tintes, vidrio, diferentes clases de tejidos y textiles, entre otros. Pero también transportaba personas y bienes intangibles, como arte, ciencia, técnica, lenguas, filosofía, ideas políticas, música, religiones y más, dinamizando el intercambio y el conocimiento entre los pueblos. La Ruta sobrevivió hasta cuando el occidente cristiano y los papas llamaron a las primeras cruzadas que tenían también la finalidad de controlar el comercio con oriente y dominar el mediterráneo, lo cual lograron en el siglo XII e instalaron entonces, establecimientos comerciales en Siria, Egipto y las islas del Mar Jónico. Con la conquista de Cerdeña (1022), Sicilia (1058-1090) y Córcega (1091), los europeos desplazaron a los árabes, principalmente por su condición de musulmanes, del manejo comercial. En adelante otra racionalidad habría de imperar en el mundo.
La construcción de las primeras carabelas en 1441 por portugueses y españoles, posibilitó las grandes expediciones que condujeron a la actual América (1492). La apertura de nuevas rutas marítimas y terrestres permitió el total dominio europeo del mundo. Pese a las contradicciones internas de la Europa latina con el mundo anglosajón, el etnocentrismo y eurocentrismo predominó e hizo a la mirada europea incapaz de comprender, respetar y valorar la diferencia, respecto a las culturas que nutrieron su pasado como a las antiguas civilizaciones de América, recién conocidas por ellos. Toda civilización diferente a la europea fue considerada subalterna o inferior, susceptible de ser conquistada, colonizada y dominada militarmente. Esto se agrava con el predominio del mundo anglosajón, constructor entonces de los cimientos del capitalismo, sistema que no puede nacer sin acumulación previa de capital, la cual es conseguida inicialmente, cuando de la mano de Lutero, la naciente burguesía y la decadente aristocracia de la Europa de la Reforma Protestante (1517-1648), se escrituraron en calidad de propiedad privada las tierras comunales de los feudos, expulsando a los campesinos que deambulaban por los caminos convertidos en mendigos, luego en proletarios en las ciudades y mano de obra barata de los telares y fábricas, mientras las tierras eran sembradas de pastos para las ovejas de la manufactura holandesa e inglesa con la que el mundo anglosajón inició su dominio del mundo. El liberalismo económico anglosajón que allí nace, ha creado la nueva legalidad del despojo y la tan cacareada propiedad privada sobre los medios de producción. De allí en adelante, ese pensamiento que borra todo sentido de “lo común” se volverá hegemónico, será legitimado académicamente y va a penetrar todas las esferas del pensamiento. La dirigencia se asocia a los libertarios de la Revolución Francesa (1789-1799) y la destruye por dentro, convertida en imperio con Napoleón y en liberalismo económico anglosajón, al consolidarse Estados Unidos (1776) como la cabeza hegemónica.
Los postulados de la Revolución Francesa “Libertad, igualdad, fraternidad”, son reemplazados por los anglosajones de “libertad y propiedad”. La segunda acumulación de capital para la consolidación del capitalismo, se obtuvo con las riquezas de América, el trabajo forzado de los pueblos originarios, el esclavo de africanos secuestrados y la explotación colonial del Asia, África y el mundo entero que pagó todas las etapas de su desarrollo: capitalismo mercantil, industrial, financiero y tecnológico.
Cinco siglos después de su existencia, el capitalismo de gran desarrollo tecnológico, ha creado las sociedades más desiguales y un occidente unipolar con Estados Unidos a la cabeza que tiene al mundo entero en los límites de la guerra total y de la desaparición de las especies. Además, otra acumulación ampliada privatizando los bienes naturales que quedan en el mundo y las empresas del Estado que mantienen el bien común en nuestra América Latina. Como decía el Insigne Cabezón aquel, “el capitalismo destruye sus dos fuentes de riqueza, los humanos y la naturaleza”. La cúpula del mundo capitalista por su maltrecha hegemonía y por el rechazo a su modelo insostenible y depredador que ha hecho resurgir antiguas civilizaciones con miradas des-coloniales, para intentar detener el apocalipsis y crear lazos de fraternidad universal como los BRICS, ha decidido escoger enemigos futuros que destruir para mantener su dominación. Ha señalado a la China y pretende destruir a Rusia para que mañana no pueda defender a China que no se siente enemiga de nadie en absoluto y desde siempre ha sido una gran civilización, compartiendo sus múltiples aportes a la humanidad sin exigir sumisión ideológica, pues no es expansionista y compartió la Ruta de la Seda en paz con todos los pueblos del mundo.
Tiene China una continuidad histórica y una gran historiografía como registro de su evolución. Elementos de su cultura: budismo, confucionismo, taoísmo y comunismo, se articulan creativamente en la construcción de su cosmovisión, institucionalidad y en el bienestar de su pueblo. Construye nuevas formas de producir que pueden ser puentes con realidades tras-capitalistas. Antiguas civilizaciones como las de nuestra Abya Yala tienen mucho también que aportar para construir una racionalidad cuyo centro sea el respeto por la vida en todas sus formas, el “soy porque somos” que evite las guerras del capital y de las otras, la desaparición de las especies y los genocidios imperdonables como el de Gaza, porque como dice Rafael Bautista “Las estructuras de la vida son comunitarias o no son”.
Es triste, desconcertante, desolador, observar en estos días en los medios de comunicación, en vivo y en directo, el vaciamiento de sentido, la ausencia de principios, la banalidad y ferocidad, las consecuencias de la negación del otro y del no reconocimiento de la alteridad que nos constituye, por parte de los principales dirigentes de Estados Unidos, de Europa y sus alfiles como el neonazi Zelenski, cuando sin pudor disputan el dinero invertido en el negocio de la guerra, la propiedad de los minerales raros de Ucrania y otros bienes. Todos, con mayor o menor hipocresía, renuevan su decisión de destruir a Rusia, olvidan que la guerra fue provocada por ellos mismos, empezando por la represión y el bombardeo criminal durante 8 años (2014- 2022) contra la población rusa de la región del Dombass, la negación a respetar los Acuerdos de Minsk y la intervención de la OTAN para destruir la neutralidad de Ucrania y la seguridad de Rusia, lo que motivó la intervención rusa en Ucrania. Acuerdos que sabotearon todos, con la perversa idea de luchar contra Rusia “hasta el último ucraniano”, sin consideración por los combatientes muertos, mutilados y los obligados a combatir en esa guerra demencial. No quieren la paz.
Lo mismo ocurre con la normalización del exterminio del pueblo de Palestina que encontró la cúspide de la crueldad en el genocidio de Gaza, apoyado por Estados Unidos, la Europa ontológica que ya no defiende ningún principio democrático y el Estado nazi de Israel. Trump habla muy tranquilamente de la “solución final” para los palestinos sobrevivientes que serán trasladados “a otro lugar” porque el magnate Trump usará Gaza para centros recreacionales de gran lujo. Igualmente, Trump empieza a delimitar el “espacio vital” del “destino manifiesto” del Imperio que incluye Groenlandia, Canadá, pero principalmente nuestra Patria Grande, empezando por Panamá y por México que ha mostrado su grandeza. Ataca a Venezuela, amenazada por posible intervención militar, a Cuba y Nicaragua como siempre. Apoya Trump al gobierno de las corporaciones en Argentina que tiene como alfil a Milei, otro neonazi que no gobierna sino saquea, estafa, vende la Patria y se autodefine oficialmente diciendo: “Yo soy un topo infiltrado para destruir el Estado por dentro”. El objetivo es balcanizar nuestra América Latina que pasó de la emancipación de España al sometimiento neocolonial del Reino Unido de Gran Bretaña y de los Estados Unidos, los cuales piensan pagar con nuestros bienes naturales y empresas del Estado la lucha por la maltrecha hegemonía del Imperio y del occidente unipolar. La crisis de occidente que pretende retroceder el tiempo a 1933, es terminal, es el nihilismo, la pulsión de muerte. Otras civilizaciones sabias y antiguas pronuncian hermosas palabras de paz y armonía entre los pueblos.
Yolanda Martínez Santacruz
Foto tomada de: Huellas de la Historia
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