A pesar de la respuesta estatal en medio de la declaratoria del Estado de Conmoción Interior, la realidad es que la crisis continua y ha encontrado nuevos frentes de combate. La atención que tiene el Catatumbo ha desdibujado las presiones que se están ejerciendo de manera sistemática en otras zonas del país, tal y como son: el Sur de Bolívar, San Juan Chocoano y el Cauca; sin contar las alertas constantes que ha hecho la Defensoría respecto a los riesgos que enfrentan 12 regiones del país como focos de posibles emergencias humanitarias.
La cara de un nuevo conflicto
En reiteradas ocasiones se ha hecho mención que el conflicto armado, como se conocía, ha concluido, ahora se tienen enfrentamientos, zonas de disputa y consolidación, acuerdos y convivencia entre organizaciones de multicrimen a diversos niveles, que enraízan sus capacidades a nivel territorial, pero que desarrollan relaciones en el marco transnacional.
Estas nuevas organizaciones actúan de manera diferente a sus antecesoras: Llegan a acuerdos (aunque tensos y no necesariamente explícitos) sobre control de las rentas ilegales, pueden convivir en terreno y en respeto constante, eluden la movilización de grandes estructuras conjuntas, prefieren dar golpes selectivos y recurren a acciones focalizadas, reducen estratégicamente la visibilidad que tienen en los territorios, se mezclan y conviven con la población civil (no respetan el principio de distinción), generan redes de apoyo basadas en lealtades e intimidaciones, dejan en segundo lugar una disputa e identificación ideológica, y ponen de primer lugar sus ingresos antes que un ideal específico.
En dichas dinámicas se encuentra una zona como el Catatumbo, debido a la relevancia que tiene en recursos ilícitos, tales como la minería, la producción de coca y contrabando. Igualmente, este es un paso significativo para el cruce entre Colombia y Venezuela, siendo esta última una frontera porosa que ha servido como retaguardia estratégica en los últimos años para el ELN. Esta región es clave y ha tenido históricamente una baja presencia estatal, lo que facilita que los grupos puedan entrar con facilidad y constituir una alternativa en los territorios.
El Catatumbo en crisis
Según el boletín 33 del Puesto de Mando Unificado para el Catatumbo con fecha del 22 de febrero, se señalan datos preocupantes en la crisis: 70 homicidios (cifra que puede presentar un subregistro, especialmente con los miembros que pertenecían al Frente 33 ante las acciones desarrolladas por el ELN), 54.264 personas desplazadas y 23.860 confinadas. Estos datos son especialmente alarmantes en municipios como Tibú, Teorama, San Calixto, El Tarra, El Carmen, Convención, así como los desplazamientos han generado una afectación masiva en Cúcuta y su área metropolitana. Cabe señalar que estas cifras pueden variar, dependiendo de los registros que logren reunir las instituciones.
Asimismo, en medio de los combates entre el ELN y el Ejército, la situación humanitaria se sigue agravando, debido a que la violencia continúa haciendo presencia en los territorios, teniendo además un ELN que se acentúa, que no se identifica, que convive en medio del terror de la población y que persiste en el exterminio del Frente 33 de las FARC. Esto se da en medio del retorno de 5.890 personas a su lugar de origen, las cuales no cuentan con todas las garantías para su regreso.
Aquí es fundamental que, si bien el Estado de Conmoción Interior tiene un periodo de duración, las dinámicas de la violencia en el Catatumbo requieren de una intervención profunda en el territorio, debido a que, en dicho periodo, no se va a concluir con el actuar criminal del ELN; lo probable es que, después de conseguir sus objetivos estratégicos, esta guerrilla decida frenar la escalada para lograr desviar el foco de la institucionalidad, vuelva a ejercer un control más clandestino y perpetue las dinámicas de violencia de forma controlada.
Las complejidades de la respuesta en el Catatumbo
La respuesta en el Catatumbo se ha dado desde dos frentes: Uno militar- policial y otro basado en el apoyo de la ayuda humanitaria. De manera inicial, se evidencia que ambas respuestas todavía se encuentran en la atención de las consecuencias, debido a que aún no se tiene una zona estable que permita responder a las causas del fenómeno; la atención a estas últimas debe darse en un mediano y largo plazo. En este orden, esta es una tarea que tomará tiempo y que lleva a constituir, en última instancia, de manera temporal, el objetivo como estabilizar la región.
Este propósito por parte del Estado colombiano es disímil con el del ELN, el cual quiere acabar con las ya debilitadas fuerzas del Frente 33 de las FARC, cuya cifra real activa de miembros en la zona es desconocida. No obstante, se afirma que este último grupo se encuentra en estado crítico, teniendo una encrucijada entre su sometimiento a la Fuerza Pública (según cifras oficiales, ya habría 97 miembros que se habrían entregado) o el enfrentamiento atrincherado con el ELN.
De igual manera, en el Catatumbo se calcula que se ha hecho un despliegue de más de 10 mil efectivos, teniendo como primer objetivo la entrada y la protección de las poblaciones, para posteriormente dar un escenario en el que se pudieran mantener los enfrentamientos, sin que esto implique que las comunidades están completamente exentas de los mismos. Es el deber constitucional de la Fuerza Pública ejercer el control territorial, así como la defensa de la sociedad colombiana; no obstante, hay llamados a que las fuerzas desplegadas no son suficientes.
De igual manera, el ELN ha optado por resguardarse al interior de las poblaciones civiles, movilizarse en pequeños grupos y evitar cualquier tipo de asentamiento, lo que debilita cualquier accionar por parte de la Fuerza Pública; en este punto es necesario focalizar esfuerzos en la inteligencia para poder desarticular las acciones de esta organización y enfocar los recursos. Asimismo, esta guerrilla ELN estaría utilizando la frontera con Venezuela para poder profundizar sus acciones, aspecto que contrasta con las operaciones conjuntas y los anuncios por parte del Estado Bolivariano de Venezuela.
En cuanto a las ayudas humanitarias, se calcula que se han dado más de 1200 toneladas entre los diferentes entes estatales, así como la participación de organizaciones de la sociedad civil e internacionales. Sin embargo, se siguen presentando dificultades para poder acceder a todos los territorios, lo cual lleva a que no se pueda hacer una distribución que beneficie al conjunto de la población afectada. De igual manera, no se visualiza un retorno efectivo pronto de la mayoría de las personas, debido a la falta de garantías para que se pueda dar su regreso a la zona.
Otra problemática que se presenta para la atención del Catatumbo es la multiplicidad de focos que se dan a nivel nacional, teniendo situaciones críticas en zonas como la región del San Juan en el Chocó o el Sur de Bolívar, ambas afectadas por las disputas por el control territorial entre el ELN y el Clan del Golfo. Esto dificulta cualquier tipo de respuesta que se pueda dar por parte de la institucionalidad y la concentración de los esfuerzos en una región específica.
El futuro del ELN
El ELN se encuentra en un momento de disputa territorial permanente en zonas como el Sur de Bolívar, el Chocó y el Catatumbo, pero también ha logrado consolidar su capacidad en otros espacios como Arauca. Las formas de acción de esta guerrilla han estado determinadas por un actuar no centralizado, sin un foco claro, con un fortalecimiento de capacidades en medio de los ceses con el Estado, enfrentamientos y convivencia por conveniencia con otros actores armados, una reducción del componente ideológico, un actuar más estratégico y concreto a nivel territorial.
Esta guerrilla ha puesto la presión armada por encima de la posibilidad de construir acuerdos políticos, lo cual lleva a que tengan acciones reiteradas de reafirmación de su fuerza, presión al Estado y de conmemoración de fechas, tal y como fue la operación llevada a cabo en el peaje de Villa del Rosario (Área Metropolitana de Cúcuta). Estas son sistemáticas y tienen propósitos propios de la guerrilla, la cual ha afirmado que el Estado colombiano está buscando su exterminio.
No obstante, a pesar de acciones armadas con amplio impacto en la opinión pública (resaltando hechos como el atentado a la Escuela General Santander en Bogotá, el ataque en Puerto Jordán, acciones contra el Oleoducto Caño Limón-Coveñas e infraestructura básica , entre otros), el ELN ha buscado su reconocimiento constante como un grupo insurgente, generando recurrentes llamados y comunicados relacionados con un actuar basado en el Derecho Internacional Humanitario; empero, este no se refleja necesariamente en las acciones por parte de todos los frentes de la organización, por el contrario, su actuar es contradictorio y depende de los intereses que se tengan a nivel territorial. Esta guerrilla ha perdido el foco político, dejando la ruta ideológica por una vía basada en las rentas ilegales, con un actuar más criminal y desconcentrado en su propósito.
Las conversaciones con esta organización se encuentran congeladas y es poco probable que con el escenario actual se pueda dar una ventana de oportunidad para su continuación. No se denota una voluntad de paz de parte del ELN que pueda corresponder con la que ha mostrado el gobierno nacional. La organización armada se ha fortalecido de manera sistemática en medio de los diálogos y ha buscado aumentar su capacidad de negociación por medio de la intimidación.
En cuanto a su alcance, si bien las acciones en Villa del Rosario son preocupantes, denotan la existencia de un actuar del ELN en áreas urbanas, lo cual no es fenómeno nuevo y se ha ido potenciando después del acuerdo de paz con las FARC. Ciudades como Bogotá, Cúcuta, Cali y Medellín, han tenido acciones de impacto mediático y de visibilidad que dan cuenta de ello; sin embargo, esta agrupación aún no tiene un alcance para desarrollar un actuar sostenible en dichos centros poblados, más allá de operaciones clandestinas y de limitado impacto.
Igualmente, en los territorios en los que hace presencia, existe una reconfiguración constante de las capacidades de las organizaciones armadas ilegales. En ese orden de ideas, la pérdida de terreno que tienen en zonas como el Chocó y el Sur de Bolívar, así como su consolidación en el Catatumbo, debería mostrarle a dicha organización el futuro del conflicto y las disputas que se generan por el control de las rentas ilegales. Este es un conflicto que está en constante transformación y el ELN debe ser consciente de las dificultades y retos que afronta, en los cuales el componente ideológico deja de ser una variable efectiva y se convierte en una bandera conveniente de discusión política.
Este grupo armado ha perdido una oportunidad única, dada por el gobierno nacional en el marco de la Paz Total, para lograr cerrar el ciclo como la última guerrilla con amplias tendencias políticas del país. En cambio, han optado por una profundización de las dinámicas de la violencia y la criminalidad, que instrumentaliza un discurso ideológico para la consecución de fines propios de una organización poco unificada y que no trascienden a cambios reales positivos para la sociedad civil.
Farid Camilo Rondón Raigoza, Miembro del Grupo de Investigación en Seguridad y Defensa de la Universidad Nacional, investigador, consultor, magister en Estudios Políticos y profesor ocasional.
Foto tomada de: Infobae
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