El Ejecutivo busca apoyos tras la independencia de partidos tradicionales, acosado por el reto de impulsar sus proyectos en el Congreso donde el panorama es complejo. En búsqueda de los votos que necesita – sobre todo en el Senado donde las mayorías son inciertas – el presidente Petro ha abierto las puertas del gabinete a miembros de partidos tradicionales para debilitar la oposición en un clima de polarización que deja en segundo plano los cambios que reclama la ciudadanía.
Marcando la agenda de cara a las elecciones y con el propósito de tender puentes con fuerzas políticas tradicionales distintas a las de oposición, Petro ha hecho ajustes en su primera línea de funcionarios. Entre las nuevas caras que ocupan planos de primer orden se destacan las de Armando Benedetti quien remplazó a Juan Fernando Cristo en el Ministerio del Interior y la del general Pedro Sánchez, nuevo ministro de Defensa, llamado a atender el tema del orden público, uno de los problemas que más inquieta a los colombianos.
El recibimiento en las filas el gobierno de entes que no son parte del corazón del proyecto de cambio que llevó a Petro a ascender al poder ha generado disgusto en las colectividades que integran la coalición oficialista volcadas a la formación del partido unitario el cual ha despertado los intereses de ciertas colectividades que podrían mantener sus identidades ideológicas y conservar sus personerías jurídicas. En otro plano, las movidas del presidente en el tablero político no han sido unívocas puesto que mientras le apuesta al pragmatismo en el plano legislativo, no ceja en su confrontación con otros poderes como las Cortes, la prensa, algunos gobernadores y los fondos de pensiones, lo que da lugar a una permanente tensión política y al rompimiento de algunas filas. En efecto, el reparto de cuotas de gobierno ha dado lugar a divisiones tanto en el Partido Liberal como en el Conservador y de la U. Sin embargo, además de la llegada de Armando Benedetti al gabinete, el nombramiento de Antonio Sanguino al ministerio del Trabajo es el que más impacto ha tenido puesto que generó olas que sellaron la división de la Alianza Verde.
El anuncio de la escisión de la Alianza Verde fue dado por la senadora Angélica Lozano y los representantes Catherine Juvinao, Katherine Miranda, Carolina Giraldo, Alejandro García y Cristian Avendaño quienes han liderado el ala independiente del gobierno de Petro, opuesta al ala cercana al petrismo. Según los estatutos de la colectividad la decisión se debe tomar en la dirección general por mayorías, pero, al parecer, las cuentas están divididas. Aunque desde el comienzo de la administración la Alianza Vede ha gozado de importantes posiciones, su lugar en la misma se había debilitado porque los cargos en el gobierno no han impedido que en el seno de la Alianza Verde subsistan una vertiente gobiernista y otra contraria a su manejo político, situación que originó en varias ocasiones la posibilidad de una escisión. Tal vez el punto culminante de una posible ruptura se alcanzó cuando ambas facciones se enfrentaron por la presidencia de la Cámara el 20 de julio de 2024.
Tras las salidas causadas por la llegada de Benedetti al gobierno, se pensó que el nombramiento de Antonio Sanguino al Ministerio del Trabajo fortalecería la postura del partido en el gabinete, pero el resultado fue otro y hoy surge la posibilidad de que nazca un nuevo partido de centro que permitiría consolidar una coalición que estaría articulada por Humberto de la Calle.
En otros escenarios se aprecia el inicio de la contienda de la derecha de cara a las elecciones presidenciales de 2026 donde se perfilan las candidaturas de María Fernanda Cabal y de Miguel Uribe en el Centro Democrático y de David Luna en Cambio Radical. También se hacen presentes en el escenario partidos minoritarios que lanzan estrategias para no desaparecer del ajedrez electoral y llegar al Congreso. Es así como cuatro partidos cercanos a la oposición – Alianza Democrática Amplia, Liga de Gobernantes Anticorrupción, Partido Demócrata Colombiano y Colombia Justa Libres – anunciaron el 20 de febrero la creación de una coalición a la que nombraron Alma para armar una lista fuerte al Congreso.
Desde otra orilla también se observan fuerzas políticas en movimiento. En efecto, se han manifestado organizaciones que se sumaron al Pacto Histórico, pero han evitado sumarse al proyecto del partido unitario como el MAIS de la senadora María José Pizarro y los representantes David Racero y Heráclito Landínez, Soy Porque Somos de la vicepresidenta Francia Márquez, Poder Popular del expresidente Ernesto Samper, Fuerza Ciudadana del exgobernador de Magdalena Carlos Caicedo, Fuerza de la Paz del embajador Roy Barreras e Independientes del exalcalde de Medellín Daniel Quintero.
En suma, la constatación del batiburrillo que caracteriza en Colombia la ausencia de un sistema de partidos que merezca ese nombre y expuesta a prácticas clientelistas, da lugar a pensar que la búsqueda de gobernabilidad – de condiciones que permitan concretar un proyecto de gobierno – se da a expensas de la gobernanza, es decir, de instituciones y prácticas eficaces y eficientes mediante las cuales se regulan los asuntos públicos de manera transparente y responsable.
Rubén Sánchez David
Foto tomada de: El Tiempo
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