La ausencia de discusión pública racional y proactiva ha fortalecido la personalización de la política y las lógicas conspirativas que han llevado a privilegiar las lealtades personales en detrimento del conocimiento y la tolerancia, manteniendo vivas instituciones como el compadrazgo y el clientelismo las cuales han dado como resultado un bloqueo institucional.
Para salir de la encrucijada, el presidente Petro ha pensado tomar tres tipos de medidas. En primer lugar, ha anunciado un paquete de decretos reglamentarios para que no se pierda todo lo propuesto en su reforma laboral. Sin embargo, el alcance de los decretos es limitado. Estos, en efecto, son inferiores a las leyes en el sentido de que su función es reglamentar los que estas establecen, sin que puedan adicionar o modificar lo instituido so pena de inconstitucionalidad.
La segunda propuesta de Gustavo Petro para sacar adelante su proyecto de reforma laboral es la realización de una consulta popular definida por la Constitución como mecanismo de participación del pueblo en ejercicio de su soberanía junto con el voto, el plebiscito, el referendo el cabildo abierto la iniciativa legislativa y la revocatoria del mandato. Esta iniciativa se produjo después de que ocho miembros de la Comisión Séptima del Senado hundiesen el proyecto en tercer debate, concertado previamente por la Cámara de Representantes. Dicha propuesta, que comenzó a ser preparada por el ministro del Interior, debería superar varios escollos. En primer lugar, la misma requiere 54 votos en la plenaria del Senado; así mismo, necesitaría la votación de 13’300.000 ciudadanos y que cada pregunta supere los 7’700.000 votos. En segundo lugar – y no es un dato menor- que la Registraduría disponga de alrededor 500.000 millones de pesos, precisamente cuando el país vive el peor déficit fiscal en muchos años.
El tercer movimiento de Petro en el ajedrez político, iniciado de tiempo atrás en la medida en que nunca se ha desconectado del debate público – y ligado a la convocatoria de consulta popular – es el inicio de una campaña presidencial anticipada para tratar de mantener vivo su proyecto. Por ello la cacería de apoyos encabezada por Armando Benedetti paralela al uso del lenguaje utilizado por Petro en sus intervenciones públicas en las que lanza improperios dirigidos a los que cuestionan sus proyectos y puntos de vista.
La polarización política y social que anima la prematura campaña presidencial también ha generado movimientos en la oposición que también ha endurecido su tono y comienza a echar a andar la máquina política y electoral que se requiere. Así mismo, al lado de las bien conocidas fuerzas antipetristas comienza a conformarse una coalición de colectividades tradicionales que buscan enfrentar de manera conjunta las elecciones de 2026. La iniciativa, encabezada por los partidos de la U, Liberal, Conservador y Nuevo Liberalismo tienen un acuerdo para aliarse de cara a la conformación de mayorías en el próximo Congreso y mantenerse en la abstención si hay consulta. Las conversaciones que se llevan a cabo las lideran el expresidente César Gaviria y el exregistrador Alexander Vega. La apuesta es concretar una consulta interpartidista para buscar un candidato único a la Presidencia.
A la luz de lo expuesto, todo indica que las calles serán un escenario de movimientos permanentes en los que las discusiones técnicas, moderadas y con argumentos no serán las que ilustren a los posibles votantes, Por el contrario, y habida cuenta del papel estelar de las redes que han remplazado los espacios en los que se desenvolvía el juego político basado en argumentos, primarán las emociones, los descalificativos, el miedo, la indignación y la pasión, acompañantes cercanos del dogmatismo y la intolerancia, enemigos de la discusión deliberativa y la democracia, de la división en grupos y las asociaciones.
Rubén Sánchez David
Foto tomada de: IFM Noticias
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