Lo nuevo que se registra en lo expresado es que se incluyeron 2,5 millones de dosis de Sinovac para la cobertura de 1.250.000 personas, esta es de producción china, que de manera inexplicable no había sido considerada previamente, en tanto los países de América Latina que ya han iniciado vacunación, lo hicieron con la Spunit v de Rusia, cuyos resultados fueron publicados por la revista médica The Lancet, en donde muestra una eficacia del 91%, efectos adversos menores y la Sinovac de China, como es el caso de México, Brasil, Argentina, Chile. En Colombia solo hasta ahora se consideran estas posibilidades, con un número muy bajo de dosis, que han sido las más accesibles para la región.
El número mayor de vacunas que se negoció corresponde a 20 millones de dosis para diez millones de ciudadanos, de Pfizer y Moderna que se desarrollaron con la nueva tecnología de RNA Mensajero, no obstante su dificultad mayor se encuentra en que requieren ultracongelación, esta cadena de frío podría resultar inaccesible para las zonas dispersas del país, por tanto su distribución debería concentrarse en las ciudades, la siguiente es Astrazeneca (10 millones de dosis para 5 millones de ciudadanos), basada en un vector viral desactivado, no tiene la exigencia de la cadena de frío. Lo que el Ministerio proyecta es que para las zonas dispersas destinaría la vacuna Janssen, que solo requiere una dosis y han adquirido 9 millones de dosis.
No es realista que el Ministerio de salud esté planteando que para el 2021 terminaría con el 100% de la vacunación (2), esto implicaría que, para vacunar 35 millones de ciudadanos, tendría que vacunar mensualmente tres millones de ciudadanos (3.181.818), es decir alrededor de 220 mil diarios teniendo en cuenta que la mayoría necesitarán dos dosis. Esto implica superar los desafíos logísticos que aún no están claros, además que el plan de vacunación entrega esta responsabilidad a las EPS y lo supedita a la afiliación, lo cual de entrada constituye una vulneración del derecho fundamental a la salud, porque la afiliación está sujeta a la vinculación laboral, esta es frágil y cambiante en tiempos de pérdidas de aproximadamente 3,5 millones de empleos, luego el plan en sí mismo predispone a una tramitología que es propia del sistema de salud en Colombia por la vía de la afiliación, de otro lado se generan barreras de acceso en la postulación de nuevas priorizaciones que deben pasar por el tamiz de las aseguradoras, esto va a derivar en muchas tutelas. El concepto médico debe ser suficiente para incluir un nuevo ciudadano en un nuevo orden de priorización.
Se encomienda esta compleja operación, a unas instituciones que, como las EPS, tienen aperturas disciplinarias de investigaciones por incumplimientos en la realización de pruebas Covid-19, por engavetamiento de 70 mil de estas, demoras en entrega de resultados hasta de un mes (3), el manejo de la pandemia que de manera equivocada se entregó a estas organizaciones, tiene a Colombia en diversos ranking internacionales, entre los tres peores países en el manejo de la misma (4). Teniendo como criterio la mortalidad, la realización de pruebas, los contagios, en comparación con más de 90 países del mundo. Sobre alternativas de cómo se podría operar el plan, las agremiaciones médico científicas y diversas organizaciones de la sociedad civil han presentado propuestas.
De otro lado, no es claro que las farmacéuticas vayan a cumplir las entregas de las vacunas, ante los desconocidos contratos y reglas de juego que estas instauraron con los gobiernos, se ha conocido recientemente que Astrazeneca enfrenta un litigio con la Comisión Europea por el incumplimiento en la entrega de las dosis, en donde solo podría cumplir con el 40% de lo prometido en el primer trimestre (5). Y esta situación se ha estado presentando por parte de otras farmacéuticas, al parecer sobrevendieron lo que producirían, y por la vía del monopolio de los derechos de propiedad intelectual ejercieron presiones carácter extorsivo para imponer condiciones a los Estados.
Esto lo que demuestra es que la situación de las vacunas no es un problema nacional, es global. No fue posible construir una gobernanza planetaria que garantizara el acceso equitativo y universal a la vacunación, que requiere que se logre vacunar entre el 75% y el 80% de la población mundial para llegar a la inmunidad de rebaño. Con ese objetivo de construyó COVAX, como escenario de la Organización Mundial de la Salud, con la participación de la Fundación Bill Gates, el Banco Mundial, La UNICEF, cuyo objetivo era facilitar el desarrollo y acceso equitativo a test, diagnósticos, tratamientos y vacunas para el Covid-19, a este mecanismo se vincularon 78 países. La Unión Europea decidió no participar de la iniciativa debido que consideraba mejor iniciar acuerdos bilaterales con las farmacéuticas. Los países que hacen parte de este mecanismo tendrían que comprometerse a adquirir el 20% de las vacunas para cubrir su población, a través de este escenario, lo que se busca es generar una demanda previsible que estimule la producción de vacunas.
No obstante, lo que ocurrió es que lo que ha primado es el mecanismo de negociación bilateral, y las organizaciones de la sociedad civil han hecho críticas a Covax en tanto la ausencia de transparencia, dado que no publica de manera detallada todos los costos de producción de las vacunas. Dicho de otra manera, se terminó en la política del “sálvense quien pueda”.
La situación Astrazeneca con la Comisión Europea refleja la fracasada e inmoral política que se adoptó para la generación de la vacuna, esta farmacéutica es una empresa privada cuya vacuna se ha financiado con recursos públicos, la Comisión ha pagado 4 veces la vacuna, la investigación, la extensión, los riesgos derivados y el precio final de venta, les permitió a las empresas retener los derechos de propiedad intelectual, que le permitirían a los Estados tener la fórmula para producir la vacuna (6). En ese contexto, en la Organización Mundial del Comercio, Sudáfrica y la India han puesto sobre la mesa la suspensión de las patentes a las farmacéuticas para que los países puedan producir las vacunas, esta iniciativa ha sido saboteada por EEUU y la Unión Europea, que son a la vez los principales acaparadores de la producción mundial de vacunas.
Lo que está claro es que la decisión de dejar las vacunas al monopolio de las farmacéuticas sin control alguno, ha fracasado. Un informe de la Cámara Internacional de Comercio expresa que, si los países continúan por esta senda de fragmentación, que desprotege a los países en desarrollo de la vacunación, el mundo corre el riesgo de pérdidas del PIB mundial de 9,2 billones de dólares. La financiación que faltaría para proveer de vacuna al resto de la población mundial sería de 27.200 millones de dólares, 338 menos que el daño que produce no hacerlo. Estos 27.200 millones de dólares equivalen al 3% de los recursos que destinaría la UE para atender la pandemia, que equivale a 700 millones de euros (7).
El resultado de esta deriva política en la que prefirieron defender los negocios por encima de la vida, es que, en medio de la rapiña, en este momento 10 países del mundo concentran el 75% de las vacunas, lo que constituye una absoluta barbarie, en tanto el resultado de estas decisiones es que se van a perder muchas vidas y tampoco van a salvar la economía mundial, a lo sumo lograrán salvaguardar los negocios de un puñado de comerciantes.
Ante esta circunstancia la salida más viable que se tiene para reencauzar el camino, es el de lograr el acuerdo político global en la Organización Mundial del Comercio que sesionará este mes, en donde se liberen las patentes de las farmacéuticas, lo que permitirá producir en los países que dispongan de laboratorios, que no es el caso de Colombia- que desmontó toda su infraestructura de ciencia, tecnología e innovación en el gobierno de Andrés Pastrana-el número suficiente de vacunas que nos permitan en el menor tiempo posible al 80% de la población mundial, que posibilite el logro de la inmunidad de rebaño. Los países del norte global tendrán que comprender que la solución es de conjunto, no es sostenible mantener los negocios del oligopolio farmacéutico. Para el caso de América Latina, México, Brasil y Argentina, tienen capacidad de producir las vacunas. La decisión de Sputnik v de liberar la patente podría romper el monopolio de un conocimiento científico que deberá ser un bien público universal que garantice la vida de millones de seres humanos.
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(2) https://www.minsalud.gov.co/salud/publica/Vacunacion/Paginas/Vacunacion-covid-19.aspx
(4) https://interactives.lowyinstitute.org/features/covid-performance/?s=03#methodology
(7) https://blogs.publico.es/juantorres/2021/01/29/los-culpables-no-son-las-farmaceuticas-sino-la-comision-el-parlamento-y-los-gobiernos-europeos/
Carolina Corcho Mejía, Médica psiquiatra, Presidenta Corporación Latinoamericana Sur, vicepresidenta Federación Médica Colombiana.
Foto tomada de: https://www.semana.com/
excelente artículo, su lectura nos deja completamente informados sobre la primacía del negocio, en materia de vacunas, sobre la vida de los seres humanos, y la realidad de las bajas posibilidades de vacunar a tiempo a la población colombiana. Vale la pena acotar que en el caso del sistema Covax, de los 338 millones de vacunas adquiridas por este mecanismo, para distribuir en mas de 100 paises, a Colombia solo le correspondieron 1.400.00 dosis, que alcanzan para vacunar apenas a 700.000 personas, una mentira mas del títere que nos gobierna, quien informó que habían adquirido 20 millones de vacunas por este sistema.